La motivación es nuestro motor emocional.  Es lo que produce la energía que nos impulsa a la acción y lo que nos ayuda a satisfacer nuestras necesidades, aspiraciones y expectativas.

La motivación, por tanto, se muestra como una dimensión imprescindible en la persona. Sin embargo, para estar motivadas, las personas han de tener expectativas positivas de recibir la recompensa esperada. Es decir han de percibir ciertas metas o incentivos como valiosos para ellos y que sepan que son alcanzables.

De igual manera, ocurre en el ámbito laboral. Para atraer y retener a las personas con talento y sostener su compromiso hacia la empresa, no basta con una retribución justa y atractiva. Existe toda una serie de razones, más allá de las monetarias, por las que personas trabajan satisfechas y se sienten recompensadas. A este concepto es al que denominamos SALARIO EMOCIONAL”.

salario emocional

Hay algunas características del entorno laboral que ayudan a fortalecer este salario emocional, como por ejemplo:

Claridad: Las personas deben tener lo más claras posibles sus funciones, el trabajo que deben desarrollar, los resultados que deben lograrse y el tiempo que tienen para hacerlo.

Flexibilidad: Los planteamientos no deben de ser rígidos y tienen que adaptarse progresivamente a las circunstancias.

Autonomía: Las personas han de poder decidir cómo hacer su trabajo sin necesidad de consultar continuamente con su jefe.

Estimulo intelectual: Las tareas han de suponer un reto, ser interesantes y variadas.